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sábado, 16 de marzo de 2013* Quiere dejar a su mujer en casa
La lucha de un viudo por tener la tumba de su mujer en el jardín de su casa
James Davis visita la tumba de su mujer cada vez que sale a la calle. De hecho, se podría decir que la difunta esposa goza de uno de los lechos más atendidos de Stevenson (Alabama, Estados Unidos): James lo limpia casi a diario, sobre todo cuando llueve y las gotas dejan esas trochas de suciedad sobre la superficie.
También cambia con frecuencia las flores artificiales que lo engalanan e incluso en Nochebuena reúne a unos amigos para hacer una vigilia. Todo es posible porque cuando la mujer murió hace tres años, James cumplió con la promesa que le había hecho antes de morir: enterrarla en el jardín de su casa. Ahí está ahora Patsy Ruth Davis, en un pequeño bosque de flores al lado de un garaje de madera. Y ahí seguiría si fuera por James. Pero el ayuntamiento no está tan de acuerdo con él.
Un juez del condado ha pedido a James que desentierre a su mujer y la traslade a un cementerio legal, algo que al viudo le descoloca, vista la naturaleza libre del barrio en el que vive: "Por Dios, si hay jardines en los que se crían cerdos y hay caballos por la carretera cerca de un corral en los límites de la ciudad", ha dicho. "No veo cuál es el problema". Pero lo hay. No porque tener a un familiar enterrado en una fosa personal sea algo raro en Alabama; es que el tenerlo en el jardín puede crear un precedente que asusta al Ayuntamiento. "Ya no estamos en el siglo XIX y James no está en una finca", ha dicho un abogado del consistorio. "Es un hombre que está viviendo en la ciudad, no en un terreno de dos mil metros cuadrados en el campo. James Davis vive en un barrio residencial de Stevenson".
La cuestión abre, efectivamente, una serie de preguntas a largo plazo que preocupan al Ayuntamiento. Si se extiende, ¿provocarán las tumbas un descenso en el valor de las viviendas? ¿Quién se comprometerá a mantenerlas? Pero si en Estados Unidos se valora más la libertad de un individuo que las ideas de un gobierno, en el sur este concepto es mucho más radical. Y por tanto hay muy pocas leyes que permiten a un gobierno decidir qué hace un ciudadano con su propiedad privada. De hecho, James tiene un vecino de 79 años, llamado George W. Westmoreland, que luchó en Vietnam y se peleó con James por la tumba (le propinó un puñetazo y todo) que, al ser preguntado, se mostró a favor del derecho de su vecino de enterrar a su mujer donde quiera: "No creo que esté bien, pero no me toca a mi decidirlo. Me jugué la vida [en Vietnam] para que este hombre tuviera derecho a hacer esto. En esos consiste la libertad".
Esta semana, un juez recibió la demanda que había interpuesto Davis para callar al Ayuntamiento, pero estimó que tampoco le corresponde a él interceder en la disputa. Así, Davis tendrá que seguir luchando por esto solo. Este carpintero de 73 años compró su casa hace tres décadas. Un poco después se casó con Patsy, una mujer a la que conocía desde que era una niña, y la pareja estuvo junta durante 48 años. Fue hace tres años, cuando Patsy estaba postrada en la cama, víctima de la artritis, cuando hizo la petición: La idea de ser cremada, como habían planeado, le aterrorizaba. Quería ser enterrada en su casa. Y así fue. Y así será si depende de Davis.
"Si quieren desenterrarla, tendrán que hacerlo cuando yo ya me haya ido. Si la mueven de donde está, para mi será una sentencia de muerte. Me reencontraría con Patsy antes de lo que tenía previsto".
Fuente: USA Today
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