(cOsAsDiveRTIdAs:230031) * El curioso caso de los peces sin miedo
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jueves, 4 de julio de 2013* El curioso caso de los peces sin miedo
Cuando pensamos en los efectos que los seres humanos causamos en los ecosistemas, generalmente nos vienen a la mente acciones directas, tales como la construcción de infraestructuras, la caza indiscriminada y la sobrepesca, o la introducción de especies exóticas. Pero también se llevan a cabo acciones indirectas que tienen un impacto muy importante en la salud de los ecosistemas, y de los que no siempre somos conscientes.
Uno de ellos sería tirar de la cadena del váter. No por el hecho de hacerlo en sí, sino por una gran cantidad de sustancias que excretamos con nuestra orina y que pueden llegar a tener un efecto muy importante en la naturaleza.
Este estudio se centra, en concreto, en el efecto que tienen algunos ansiolíticos en el comportamiento de los peces que viven en ríos en los que se vierten las aguas de los váteres. Se trata de una familia de medicamentos muy extendida, conocida como benzodiazepinas. Aunque seguramente se entienda mejor si se citan los nombres comerciales de dos medicamentos que los llevan, el Xanax y el Valium.
Estas sustancias actúan estimulando los receptores de un neurotransmisor, el ácido gamma-aminobutírico o GABA. Esta sustancia natural sirve para provocar un estado de calma, algo así como enviando al cerebro un mensaje de tranquilidad.
Con estas sustancias hay dos problemas. El primero, que no son degradadas por nuestro organismo. Todo lo que tomamos de más simplemente se excreta en la orina. Así, al tirar de la cadena se envían estas cantidades sobrantes a los ríos. El segundo problema es que tampoco se degradan en las depuradoras. Ni siquiera la exposición directa a la luz o la radiación ultravioleta consigue romper estas moléculas.
De esta manera, llegan a los ríos donde los peces los consumen. Dado que el GABA funciona igual en todos los vertebrados, los peces que entran en contacto con esta sustancia sufren sus efectos. Les reduce la ansiedad, como ocurre en humanos, pero también les libera del miedo.
Se da aún un factor más, que se conoce como bioacumulación. El sistema excretor de los peces no funciona igual que el de los animales terrestres. Esto significa que no son capaces de deshacerse de ello, aumentando mucho la concentración de estas sustancias en sus tejidos. Los niveles de benzodiazepinas en el organismo de un pez pueden llegar a ser hasta cuatro veces mayores que en el agua.
Pero, ¿que implica que los peces no tengan miedo? Según han demostrado los autores del artículo con su estudio, varias cosas. La primera tiene que ver con explorar nuevos hábitats. Normalmente, al enfrentar a un animal con una zona nueva, éste se comporta con precaución. Los peces expuestos a benzodiazepinas no sienten temor, y se muestran muy dispuestos a explorar. Al no hacerlo con precauciones, sus depredadores pueden encontrarlos con mayor facilidad.
El segundo factor es casi más importante. Estos animales, por causa de los ansiolíticos, se muestran mucho más proclives a comer. Por una parte comienzan a alimentarse mucho antes de lo que lo hacen peces que viven en aguas limpias. Y por otra, consumen mucha más comida, más del doble de lo normal.
También se vuelven asociales. Evitan el contacto con otros miembros de su especie, llegando hasta el extremo de evitar los cortejos y la cópula. Este factor implica que las poblaciones de estos peces pueden llegar a disminuir de manera significativa.
Los investigadores ya están trabajando en métodos para conseguir que estos medicamentos se degraden en las plantas depuradoras. De momento no han encontrado ningún mecanismo, ni físico ni biológico, que sea capaz de reducir su concentración. Aún así, no pierden la esperanza.
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