(cOsAsDiveRTIdAs:158259) * Cómo se produce el fenómeno de “El Niño”

* Cómo se produce el fenómeno de "El Niño"
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Lo llaman El Niño, pero las variaciones climáticas que conlleva no hacen de él precisamente un angelito. No nos referimos a ninguna traviesa criaturilla, ni siquiera al apodo de un imberbe cowboy ducho en el manejo de la pistola. El Niño es un fenómeno meteorológico cuyas consecuencias pueden ser dramáticas.
El fenómeno, originado en el Pacífico, afecta a las dinámicas atmosféricas y a masas de agua que corren por el océano. Para ser más concretos, El Niño se localiza frente a las costas sudamericanas occidentales, esto es, en costas de Perú y Ecuador. Pero como saben bien los científicos, sus efectos sobrepasan ampliamente el marco del pacífico para llegar a desequilibrar el clima planetario en su conjunto.
¿Cómo se produce El Niño? Al menos, de entrada, por una vez no tenemos que señalarnos a nosotros mismos. El hombre no es responsable de este fenómeno natural, aunque haya voces que consideren que el cambio climático, respecto del cual sí que el hombre es agente y paciente en mayor o menor medida, al final acabará agravando las alteraciones que El Niño por sí mismo provocaba.
Los vientos alisios soplan normalmente en el Pacífico desde la costa americana en dirección a las costas indoaustralianas. Los vientos consiguen el afloramiento de una corriente fría que propicia y favorece la pesca. Por lo general, sobre el costado occidental de esta parte de Sudamérica se impone un anticiclón, de manera que en tanto en la costa de Perú como de Ecuador el clima tiende a ser seco.
Cuando se da el fenómeno del Niño, durante un período de unos seis meses, los alisios se debilitan. Al desaparecer la causa, desaparece el efecto: sin apenas vientos, tampoco se producirá el movimiento de aguas que dependía de ellos, ni aflorará la corriente de agua fría en la franja costera. Muy por el contrario, la temperatura de las aguas subirá de manera notoria, aumentando la evaporación. Al final, el aire caliente y húmedo causará lluvias torrenciales muy dañinas para una región nada acostumbrada a tales.
En el otro lado, la vertiente asiática y australiana también se verá afectada pero sufriendo efectos contrarios. Aquí el resultado del fenómeno es una sequía pertinaz en una zona habituada a los monzones. El cultivo de arroz, básico en la dieta de millones de personas del lugar, se resentirá poderosamente. El riesgo de hambrunas es entonces una amenaza inevitable.
Las consecuencias de El Niño, cuya periodicidad varía entre 3 y 7 años y cuyos episodios más vigorosos registrados ocurrieron en 1982-83 y 1997-98, trascienden el ámbito local del Pacífico. Los fenómenos climáticos se interconectan de una manera que sólo recientemente vamos comprendiendo. En este terreno no hay causas exclusivas para fenómenos aislados, sino que más bien el equilibrio global del planeta supone que alteraciones muy determinadas acaben interaccionando entre sí.
Y perturbar ese delicado equilibrio implica en ocasiones inopinadas consecuencias que, cuando el golpe se recibe en regiones pobres y sin infraestructuras adecuadas, pueden ser devastadoras, mortales.
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